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Con un documento tibio y pocos compromisos gubernamentales
Río+20: lamentable

A mediados de junio se realizó en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible “Río+20”, cumbre oficial donde no se lograron avances en los compromisos de responsabilidad ambiental por parte de los gobiernos. En paralelo, cientos de organizaciones latinoamericanas le dieron vida a la Cumbre de los Pueblos. A través de plenarios y asambleas mostraron alternativas sustentables frente a la “mercantilización de la vida”. Taller Ecologista participó de la Cumbre, en diálogo con enREDando, Pablo Bertinat nos habla del complejo panorama ambiental y de los desafíos frente al poder de las transnacionales.

A dos décadas de los primeros tratados a nivel mundial sobre medio ambiente, la salud del planeta ha empeorado, sobre todo, la realidad vinculada al cambio climático. De la mano del actual modelo de desarrollo se sigue afectando fuertemente la vida del ser humano y la naturaleza; y los presupuestos públicos son insuficientes para políticas de largo plazo. Sin embargo, la señal de alerta sigue sin ser oída por los gobiernos.

En la reciente edición de Río+20 quedó en claro que, en materia de desarrollo, quienes mandan son los capitales transnacionales más que los propios gobiernos. También pudo verse que se profundiza la distancia entre las necesidades de nuestros pueblos y de la Madre Tierra, y la posición de los Estados, que continúan apostando a un modelo de producción que está al servicio de los capitales transnacionales.

A pocos kilómetros de la cumbre oficial, cientos de organizaciones y movimientos latinoamericanos -más de 500 organizaciones argentinas- mostraron la potencia social, en la Cumbre de los Pueblos. Organizaciones ambientalistas, sociales, universitarias, sindicales, políticas y de pueblos originarios, entre otras, se encontraron con una consigna común: “Por la Justicia Social y Ambiental, contra de la mercantilización de la vida y en defensa de los bienes comunes”.

Allí hubo espacio para la construcción horizontal de poder, para intercambiar experiencias sustentables venidas de todo el continente. Allí estuvo Taller Ecologista de Rosario, como lo hizo en la cumbre del 92, esta vez llevando su aporte en las áreas de energías renovables y tratamiento de residuos, a través de Mirko Moscat, Martín Oreccia y Pablo Bertinat.

enREDando: ¿Cuales fueron las principales discusiones de la Cumbre oficial?

Pablo Bertinat:
Naciones Unidas planteó tres ejes: la reafirmación de la idea de Desarrollo Sostenible; la discusión de la propuesta de la Economía Verde (un eufemismo para ponerle precio a la naturaleza e incluirla en el ciclo de la economía); y la discusión de la Gobernanza Mundial.

La reafirmación del compromiso sobre la idea de Desarrollo Sostenible prácticamente es lo único que se dio. Con la discusión sobre Gobernanza Mundial, así se lo llamó muy ampulosamente, lo único que se pensaba discutir era la transformación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente en una Agencia de Medio Ambiente, cambiarle de estatus para que tenga más recursos para poder actuar. Pero si no hay acuerdos y compromisos, tampoco se va a garantizar que cambien las cosas en realidad.

e: ¿Qué opinan sobre el documento final?

P.B:
El documento final es un documento mucho más tibio que el del 92, no plantea objetivos concretos prácticamente en nada, no se logró avanzar ni siquiera en la transformación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, e inclusive dejó abiertos temas muy importantes, como el capítulo sobre Minería, que habilita a los países a resolver estas cuestiones sin interferencias. Lo que dice al respecto es cada país puede resolver, o sea, abre las puertas para que cada uno haga lo que quiera. El sólo hecho de nombrarlo así, está habilitando, dándole vía libre a la actividad.

No hubo avances de ningún tipo en este sentido. Hubo una gran disputa entre los países desarrollados y en desarrollo en torno a la discusión sobre la Economía Verde, sobre quien paga por los impactos del desarrollo en el mundo. Ni siquiera se planteó la posibilidad de crear un fondo de apoyo para los países en vías de desarrollo, que era una promesa del 92 que no se cumplió en 20 años, y que acá tampoco salió.

Ninguno de los acuerdos logrados en ese momento tenía carácter vinculante, lo mismo que ahora, quedan en expresiones de deseo, no son compromisos asumidos por ninguno de los países. En definitiva eso queda en la buena voluntad de los países y después siempre termina priorizándose el crecimiento económico y el desarrollo por sobre otras cuestiones.

Creemos que es muy débil lo que salió de la Cumbre oficial, y en particular lo que nos preocupa es que los habilita a profundizar el modelo desarrollista, extractivista, con lo cual es muy probable que se agudicen las contradicciones vinculadas a la resistencia que están haciendo algunos pueblos en contra del impacto de la minería, o del modelo sojero, entre otras luchas.

Lo que pasó en Paraguay está directamente vinculado con esto, la disputa de la gente por el territorio, la expansión de la frontera agrícola, da la impresión de que esto se va a agudizar en los próximos tiempos, por lo que se ve en los países de afrontar la crisis internacional, los gobiernos no ven mejores alternativas que seguir profundizando el extractivismo, eso choca contra la resistencia de los pueblos.

e: ¿Cuáles fueron los principales temas en la Cumbre de los Pueblos?

P.B:
Se trabajó por un lado en la autogestión de las diferentes redes, movimientos y organizaciones, y por otro, se prestó mucho tiempo a las discusiones plenarias y a las asambleas. Se trabajaron ejes como soberanía alimentaria, energía y extractivismo, bienes comunes, todos fueron discutidos en reuniones plenarias donde participaba mucha gente, en grupos, decidiendo en espacios de asamblea. Hubo un espíritu de construcción muy interesante con dos ejes metodológicos: la construcción del diagnóstico y la construcción de las alternativas.

La declaración final de la Cumbre de los Pueblos es muy escueta pero contiene la interesante riqueza aportada por los materiales de los diferentes grupos, muestra que hay muchas alternativas que se están construyendo, y lo que necesitan son políticas públicas que las ayuden a cambiar de escala, para que puedan transformarse en alternativas hegemónicas.

Hay un diagnóstico fuerte y claramente construido de crítica al desarrollismo de la región, muy interesante. Lo que hace falta ahora es cómo lograr que ese diagnóstico sea hegemónico en la sociedad y que ese debate tenga otro poder para pensar realmente en alternativas de otras dimensiones.

Una de las claves de Río+20 es recuperar tal vez dos ejes que fueron fundamentales en Río 92, uno era asumir la existencia de los impactos que ha tenido el desarrollo sobre el ambiente y la sociedad en general, y otro, aceptar los límites del desarrollo, tanto en los países desarrollados como en vías de desarrollo. Justamente, las responsabilidades diferenciadas hacen que se tengan que crear los fondos para ayuda, dinero de los países desarrollados para pagar su responsabilidad histórica, pero por otro lado, nuestros países debieran poder construir alternativas reales para no repetir ese modelo de desarrollo.

e: ¿Cómo observan este escenario cada vez más separado, de los gobiernos por un lado y los pueblos por otro?

P.B:
La división es algo que se ha profundizado en los últimos años, yo diría a partir de la Cumbre del Cambio Climático en Copenhague, que tuvo una gran resistencia en las calles frente a la imposibilidad de los países de llegar a un acuerdo. Esto muestra como se fueron cerrando espacios de confluencia y esto es preocupante, se ve a los gobiernos encerrados en sus posturas, hay cada vez menos permeabilidad.

Esto se va agravando cada vez más, en la Cumbre de Cochabamba (la primera) hubo espacios de confluencia donde los presidentes se sentaron a escuchar a los representantes de la Cumbre de los Pueblos en la misma mesa y escucharon los reclamos. Pero esto se ha debilitado mucho lamentablemente.

e: Pero quienes cierran el diálogo son los gobiernos…

P.B:
Sí, totalmente. En un momento hubo una predisposición de abrir los caminos de diálogo por parte de los gobiernos, pero ahora eso es lo más debilitado. Es una situación compleja, ha habido mecanismos por parte de los gobiernos para desprestigiar a la Cumbre de los Pueblos.

Este año en Río, el gobierno brasileño organizó una Cumbre de los Pueblos paralela, con grupos y organizaciones afines. Organizo los “diálogos sociales”, donde convocaba a organizaciones más amigas, gente de gobierno, hicieron todo un simulacro de participación organizada por los gobiernos, toda una contradicción. Siempre hubo intentos de este tipo en las Cumbres del Mercosur, esto es preocupante, son intentos de dividir, de tener una sociedad civil acrítica, afín a los gobiernos, en lugar de tener lugar realmente para la opinión de la sociedad en general.

La constante es que se ha profundizado el amurallamiento de la Cumbre oficial en términos físicos, ideológicos y en términos de ideas. En este caso, la posición de los gobiernos estaba asociada a poder seguir profundizando el modelo extractivista, que justamente tiene mucha resistencia por parte de las cumbres alternativas.

e: En este contexto donde los gobiernos se comprometen cada vez menos, ¿cómo se sigue?

P.B:
Para nosotros los desafíos son poder seguir fortaleciendo las redes de trabajo. Si bien trabajamos las temáticas de las resistencias, también estamos muy preocupados por las alternativas. En la medida que no podamos construir realmente las alternativas en otra escala, los gobiernos no lo van a hacer. Tenemos que dar un paso mayor, lo cual nos autoimpone una responsabilidad muy grande, porque este es un trabajo que deberían encarar los gobiernos, cómo construir las políticas públicas para las alternativas reales.

Pero me da la impresión que esto los gobiernos no lo van a resolver y lo vamos a tener que resolver desde este lado, los movimientos por la resistencias y las alternativas. Nos toca hacer un esfuerzo mayor para mostrar que es realmente posible una transformación y cambiar de escala las alternativas.

Hay una visión instalada por parte del status quo de que las alternativas que habitualmente planteamos, son de menor escala, que no son alternativas para el desarrollo de un país, que son aisladas, que son pobres, que son pequeñas y para los sectores rurales. Y ahí nosotros tenemos que asumir un desafío que realmente es muy grande, hacer un esfuerzo por construir y mostrar que hay alternativas posibles.

Hay muchos ejemplos, el movimiento campesino a través de Grain y de la Vía Campesina ha mostrado como realmente la modalidad de la agricultura campesina puede servir para enfriar el planeta, para generar más empleo que la agricultura convencional, para defender el territorio, etc.

Hay que dar una disputa por la hegemonía de esas ideas para puedan ser políticas públicas concretas, por supuesto, es una disputa de poder, en este caso contra el agronegocio y una cantidad de intereses.



La Cumbre de los Pueblos marchando por Río de Janeiro.

Leonardo Boff

El filósofo, teólogo y pensador ambiental brasileño, quien desde hace décadas llama a construir un paradigma de Cuidado de la Vida basado en la cooperación universal y superador del mercantilismo, también se mostró decepcionado por la falta de avances concretos.

“La Conferencia Río+20 pretende colocar en pie de igualdad las dimensiones ambiental, social y económica. La palabra mágica, ahora, es economía verde, cuyo contenido no está claro. Se supone que, como mínimo, signifique la sustitución progresiva de fuentes de energía carbono-intensivas por fuentes renovables de energía, así como la sustitución de recursos no renovables por renovables.

La Río+20 mostró que los países industrializados no quieren abdicar de su posición; los países emergentes quieren alcanzar a los industrializados, y los países pobres quieren ser emergentes.

Mientras no exista entendimiento acerca de los límites del planeta, es inútil pensar en justicia social y desarrollo económico. Por consiguiente, el ambiente es más importante que lo social y lo económico, ya que sin él no se puede encontrar solución para los otros dos”, opinó Boff en una nota publicada por la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI).



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Publicado el: 27/06/2012

Por Vivi Benito.
Categorías:
Medio Ambiente / Reportaje

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