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Crónicas de Latinoamérica
La revolución está en la calle

Las crónicas de viaje por Latinoamérica ya tienen un libro que las reúne bajo múltiples miradas que ahondan en lo cercano y en los recorridos por las tierras profundas de nuestro continente: "Por los Caminos del Che" fue editado por el Colectivo Sudestada y compilado por el periodista y escritor Tomás Astelarra. Diecinueve crónicas trazan un mapa abierto de distintas realidades latinoamericanas: Bolivia, Venezuela, Chile, Colombia, Perú, México, Ecuador, Argentina, Paraguay, Uruguay son algunos de los lugares relatados por periodistas y viajeros que caminan sobre las huellas dejadas por el Che. Con la mochila al hombro, este libro nos muestra el lado b que los grandes relatos oficiales elijen ocultar. enREDando dialogó con Tomás Astelarra.

Recorren la tierra y se reconocen en el movimiento. 

Escriben con la misma pasión con la que andan por otros mundos. 

En las letras de cada crónica de viaje habita la mirada sensible y humana del viajante. No son turistas; son caminantes -y periodistas- que cargan en sus mochilas el deseo de trazar en sus vidas, las venas de un mapa múltiple, bifurcado por infinitos recorridos que hablan de lo más profundo de nuestra América Latina. 

Por los caminos del Che, editado por Ediciones Continente y que conforma la colección de los Cuadernos de la Revista Sudestada, es el libro que compila historias de viajantes sumergidos en realidades dispares y similares, tensas y profundamente conmovedoras. Historias que miran hacia el interior de las comunidades indígenas o de los pueblos donde habitan y resisten los pescadores artesanales. Relatos que punzan en las vidas y en los lugares olvidados por el turismo, ninguneados por la gran prensa, perseguidos por los Estados, explotados por las multinacionales. Dice su compilador, Tomás Astelarra: “Los textos recorren Sudamérica dibujando un mapa en forma de espiral. Ese espiral que para los pueblos originarios significa vida, devenir, palabra.” 

Por los caminos del Che es un viaje interior hacia aquellas zonas vedadas por la geografía universal. Tomás, periodista, economista, viajero y escritor, presentó el libro acompañado del periodista Carlos Del Frade. Bastaron dos frases iniciales, y polémicas, para comenzar la charla. "El Ché vende", dijo primero. Luego remató. "El Ché era un boludo". Tomás y el público entero sonrió con su frase "políticamente incorrecta".

Después, llegó la explicación. Primero: "el Che vende por el laburo que él hizo. Es un laburo que no existiría sin su viaje, sin acercarse a lo cercano como él lo hizo. El libro tiene eso que buscaba el Che, treinta años después". Después viene todo lo demás: las remeras, etc". Segunda frase: "Uno va a Bolivia, convive con los bolivianos un tiempo largo, uno va a la Higuera y si hay algo que no hay que hacer en Bolivia es la revolución. Ya está hecha, ya la hicieron hace tiempo. Mantuvieron su lógica que es lo cercano, compartir, consumir sus plantas como medicinas, su propia cultura de la transmisión oral, y entonces no necesitan escuelas u hospitales públicos. Ahí esta la revolución".  

Llegar a esta conclusión le llevó tiempo de viaje y convivencia con el aymara, con sus costumbres, con la intensa y poderosa cosmovisión indígena. Está claro: Tomás admira al Ché y es en la figura del revolucionario como se inspiró para darle forma al corazón de este libro que adquiere dimensión, precisamente, en los viajes hechos por Guevara, en sus formas de recorrer el mundo con casi nada o casi todo: el compromiso, la pasión y la inquietud por conocer las profundidades de la tierra. Por habitar lo cercano. Por eso, cada crónica del libro se inicia con una frase de Ernesto Guevara. 

Luego, Tomás continuó describiendo algunos pasajes del libro, y con su crónica, nos traslada, por ejemplo, hacia la realidad y la situación colombiana. Difícil, a veces lejana y no por ello ajena. Los hilos se confunden, se entrelazan y un tenso punto en común nos sitúa en un mismo conflicto: la extracción y apropiación de nuestros recursos naturales. El saqueo sistemático de las riquezas de los países latinoamericanos. La matanza de los pueblos indígenas, de las comunidades campesinas, de los militantes activistas que resisten con alegría a pesar de la muerte. De los desplazados en Colombia. Habla de este país con conocimiento adquirido. Tomás Astelarra vivió allí durante tres años. 

Su crónica Mentiras y verdades del Señor Matanza nos habla de Cali, de cómo fueron desplazados en los años 50 un gran número de campesinos que, décadas después, padecen la misma persecución. Las Farc, los paramilitares, la globalización de la política represiva que en Colombia durante el gobierno de Álvaro Uribe se cobró la vida de 11.292 personas. “Un informe de la Comisión Colombiana de Juristas determinó que el 62% de los casos habría sido responsabilidad del Estado por tolerancia o apoyo a grupos paramilitares y 12% por acción directa de sus funcionarios lo que ubicaría a su presidente y a los Estados Unidos (su principal aliado y financista a través del Plan Colombia) como el principal terrorista de la región” (Pag. 124). 

Para Del Frade, el libro abre la posibilidad de pensar por fuera de lo que hacen y muestran los grandes medios de comunicación: Y esto significa un gesto doble, de rebeldía e independencia, afirma el investigador y autor del libro “Los caminos de Belgrano”. "Estas crónicas tienen elementos extraordinarios. Estamos hablando de cuestiones que se reproducen en distintas partes de América. Tomás hace un análisis de cómo se piensa el control social en Colombia y uno piensa lo que sucede en Barrio Moreno, y se da cuenta de que hay discursos y políticas institucionales que son convergentes." Carlos Del Frade define al libro como un "relato colectivo". "Mostrar lo humano es mostrar lo profundamente político", señaló mientras releía algunos pasajes de las crónicas compiladas en los Caminos del Ché. 

La semilla que viaja

La principal motivación salió de los propios caminos iniciados por el Ché,  de sus viajes y su manera de acercarse a la realidad. Tomás viajó por Latinoamérica. Un día le propuso a Sudestada compilarlos en un libro. A su idea, el Colectivo Editorial le sumó las crónicas de otros periodistas, de otra gente que vinculaba el periodismo con la experiencia del caminar.“Esa actitud te genera una reflexión y en mi caso, yo tengo una misión que es divulgar todo lo que pasa en Colombia. Lo que vemos es ese compromiso del Che en una militancia concreta y no desde algo teórico”. 

Para Tomás “el viaje es una escuela, un lugar de transformación”. "Uno aprende más de política, de geografía o de historia viajando que leyendo los diarios". Y esa es la idea, “que a través de los Caminos del Ché el lector pueda acceder a esas realidades que no puede acceder desde el cómodo sillón de su casa, a través de la televisión o de los medios tradicionales”. 

Cada historia es un eco de la otra. La Higuera, Bolivia. La cordillera de los Andes y el avance de los privados sobre los lagos naturales del Bolsón, la selva del Chaparé junto a “un tal Evo Morales”. Perú, Lima y los poetas en tiempos de Sendero Luminoso. Atacama, Chile y la desolación de los pueblos atacados por el negocio minero. Cuba y “un grito de rebeldía que perdura” en la Habana. Venezuela y la revolución Bolivariana. Paraguay, Itauguá. Nuestra Chaco y las historias del pueblo qom. Punta del Diablo, aquel mítico pueblo de pescadores hoy transformado en una postal turística. Chile y su Valpo tan querido. La Rioja, Iquique y los mares de sal más allá del turismo y las ramificaciones del viaje que continúan en el índice de este libro polifónico. 

¿Qué tienen en común estas historias? No solo las distintas estrategias de resistencia que llevan adelante las comunidades en sus territorios. No solo las historias de vida de personas comunes que defienden su cultura, sus modos de tejer vínculos con lo suyo, de generar un espacio colectivo. No solo el tiempo diferente y las lenguas y las costumbres y la artesanía que vibra y la injusticia que se hace carne en los cuerpos y en el saqueo de la Madre Tierra. Además de tener todo esto en común, comparten una misma cosmovisión: la mirada de un cronista que ahonda en lo cercano. “Durante un viaje nuestra noción de tiempo cambia. No sé si es más lenta o más rápida. Pero es como entrar a otro mundo. Mejor dicho, ver otra cara distinta de un mismo mundo que muchas veces a nosotros, sus propios inquilinos, nos parece ajeno”, escribe Sebastián Carapezza, periodista que desde hace siete años coordina la revista Al Margen de Bariloche. 

“Hoy la batalla de los medios de comunicación independientes es la calle”, dice Tomás citando a Franco Bifo Berardi. Y finaliza: “Es el periodista que hace un libro y sale a venderlo. Nosotros no podemos darle los recursos al sistema. La lógica de lo cercano es la del Ché. Y no era ningún boludo, porque él vivió en otro tiempo. Ojalá, treinta años después, nos digan que nosotros fuimos unos boludos”. 




La compilación y edición fue realizada por el periodista Tomás Astelarra y el colectivo Sudestada (www.revistasudestada.com.ar) y publicada por la editorial Continente. Las fotos son de Sub Coop (www.subcoope.com)y las ilustraciones de Iconoclasistas (www.iconoclasistas.com.ar).
Autores: Leandro Albani, Tomás Astelarra, Martín Azcurra, Sebastián Carapezza, Martin Flores, Facundo García, Xuan Pablo González, Ariel Idez, Andrés López, Felipe Montalva Peroni, Nicolás García Recoaro, Débora Ruiz y Pedro Jorge Solans.
 

Publicado el: 24/09/2012

Por María Cruz Ciarniello.
Categorías:
Movimientos Sociales / Documento

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