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Crónica de un día de justicia
Prisión perpetua y cárcel común

Era frío aquel día de julio en el que un interesante número de personas se acercó a los Tribunales de calle Oroño para presenciar el inicio del primer juicio por delitos de Lesa Humanidad cometidos en San Nicolás. La última dictadura cívico militar dejó severas consecuencias sobre el suelo argentino, así como también parió una lucha interminable por parte de los que perdieron su vida, o bien parte de ella. Esa lucha se vio reflejada esta vez en el transcurso de un crudo invierno y una primavera interrumpida por lluvias torrenciales que no sirvieron de obstáculos para llegar al día definitivo.

Pasada la navidad, el 27 de diciembre el Tribunal Federal Número 2 de Rosario dictó la sentencia a los tres represores acusados, Manuel Fernando Saint Amant, Antonio Federico Bossié y Jorge Muñoz.

El día comenzó temprano con una caravana de colectivos y autos que partió desde San Nicolás, para encontrarse en la entrada a Rosario por el Boulevard Oroño con el resto de quienes acompañarían la jornada, y así llegar al edificio de Tribunales. Allí, varias banderas y un imponente escenario dejaban en claro cuál era el sentido de semejante movilización. Las caras, siempre jóvenes, de aquellas víctimas que definitivamente iban a tener justicia, se comenzaron a ver por todo el lugar. A pesar de los nervios que más de uno manifestaba, el clima de fiesta ya se estaba viviendo.

“Claro que las expectativas son las que nuestros fiscales y querellantes han pedido, que son la Prisión Perpetua para estos tres genocidas”, soltó sobre el escenario José María Budassi de la Mesa de la Memoria de San Nicolás, minutos antes de que comenzara la audiencia. Fueron pocas sus palabras en esta oportunidad. Las ansias del Cholo se reflejaban en su mirada, y se volvían una sensación en común con cada uno de los presentes.

A punto de comenzar la audiencia la sala se colmó de familiares de las víctimas, Madres de la plaza 25 de Mayo y de la ciudad de Santa Fe, y demás acompañantes de la causa. También se encontró en el lugar el secretario de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, Guido Carlotto. Del otro lado de la sala, siempre de espaldas, estaban los tres imputados esperando el fallo del Tribunal, presidido esta vez por el juez Omar Digerónimo. En caso de haber volteado sus miradas, los acusados hubieran visto a los familiares sosteniendo los afiches con los rostros de las víctimas de los delitos que alguna vez cometieron. Mientras, los minutos corrieron lentamente hasta que comenzó la lectura.

“Condenar… a la pena de Prisión Perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua, accesorias legales y costas, calificándolos como crímenes de Lesa Humanidad…”, dictó el Tribunal para cada uno de los acusados, desarrollando individualmente los delitos que cargarán en sus espaldas.

Manuel Fernando Saint Amant, jefe del Área Militar 212 durante la fecha de los hechos, fue condenado por los delitos de homicidio agravado por haber sido cometido con el concurso premeditado de dos o más personas; por privación ilegítima de la libertad agravada por mediar violencia; por sustracción, retención y ocultamiento de un menor de diez años, y por robo agravado por haber sido cometido con armas. Saint Amant es el único de los imputados acusados tanto por la Masacre de la Calle Juan B. Justo, como por el secuestro y asesinato de los seis militantes de la JP Montoneros desaparecidos en los barrios Don Bosco, Trípoli y Santa Rosa entre abril y mayo de 1977, además del secuestro del propietario de una de las viviendas intervenidas.

Por su parte, Antonio Federico Bossié y Jorge Muñoz, fueron condenados de la misma forma. El fallo comprendió el carácter de coautor de los delitos de homicidio agravado por haber sido cometido con el concurso premeditado de dos o más personas, en relación a la Masacre de la calle Juan B. Justo, llevada a cabo el 19 de noviembre de 1976.

Además, sobre el final de la audiencia el Tribunal solicitó que se investigue por la presunta participación de delitos de acción pública a una serie de integrantes del Ejército, de la Policía Federal Argentina y al Personal del Destacamento de Inteligencia 101 de San Nicolás. De esta manera, queda abierta la posibilidad de que se encuentren a nuevos culpables de delitos perpetuados en los hechos que ya se trataron en este juicio.

Afuera, entre abrazos y alegrías.

Sobre la plazoleta que atraviesa al Boulevard Oroño en la puerta de los Tribunales, una multitud había presenciado la sentencia a través de una transmisión televisiva. La alegría para ese entonces ya era una realidad, acompañada de cantos e interminables abrazos. Las banderas de organizaciones sociales y políticas crecían por lo alto de un cielo cada vez más radiante. Sobre el escenario, Juane Basso, de la agrupación H.I.J.O.S, llamaba a testigos y familiares para que dieran su palabra.

El Cholo Budassi se acercó al escenario para desprender algunas declaraciones, más allá de las dificultades por la gran emoción. “Nunca más acertadas las palabras que dijo Néstor Kirchner cuando asumió el 25 de mayo de 2003 y dijo que llegamos sin rencores pero con memoria. Creo que hoy llegamos sin rencores y con justicia”, sostuvo.

La otra cara principal de este juicio, Manuel Gonçalves Granada, sobreviviente con tan sólo cinco meses en la Masacre de calle Juan B. Justo, habló ante la prensa y manifestó que a partir de este momento comenzará a sentir un gran peso menos. “Convivir con los procesos judiciales es muy difícil, y la cabeza casi que no puede estar en otro lado que no sea la causa”, dijo, para luego explicar que haber cerrado este juicio de esta forma va a permitir “no sólo a nosotros como familiares directos, sino a todos la posibilidad de vivir en un país mejor”.

Por otro lado, Manuel valoró la participación de la multitud y definió a los juicios como “una construcción colectiva”. “Yo no lo tomo como una situación personal, veo que la dictadura nos pasó a todos y todos fuimos afectado de alguna manera”, afirmó para dejar en claro qué tipo de persona es.

Victor Almada, compañero de la víctima Regina Spotti, también brindó declaraciones, e inundado de emociones fue contundente en afirmar que no había otro resultado posible. De todas maneras, dejó en claro que la total conformidad es difícil que llegue en un solo día: “Acá hay tres de una larga lista que ahora continúa, este es el cimiento de una larga historia y nosotros estaremos allí para contarla”. Víctor, siempre firme, sabe que esta victoria es la primera de muchas más por venir.

Que la lucha continúa y que hay más culpables por juzgar, es de conocimiento público entre los que vienen trabajando desde allá por el 2004. De todas maneras, la alegría de haber condenado a los tres principales responsables de aberrantes delitos es un hecho que se manifestó a lo largo de esta intensa jornada. Ya terminado el día de la sentencia, algunas copas chocaron al brindar por este fin de año que se aleja de la mano con la justicia, y que seguramente le dará la posta al que está por llegar.

Aquellos que ya no están y hoy tuvieron justicia:

* María del Carmen Fettolini de Amestoy

* Omar Darío Amestoy

* Fernando Amestoy

* María Eugenia Amestoy

* Ana María Granada

* María Regina Spotti

* María Rosa Baronio

* Eduardo Luis Reale

* Horacio Arístides Martínez

* María Cristina Alvira

* Rosa Raquel Alvira.



Foto: María Virginia Bertetti


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Publicado el: 27/12/2012

Por Martín Stoianovich.
Categorías:
Derechos Humanos / Documento

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