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Modelos de país. Energía y biocombustibles
Mejor energía, ¿para qué y para quién?

Los biocombustibles han ganado un polémico protagonismo en los últimos tiempos, como solución al problema ambiental y energético. La discusión actual respecto de la conveniencia o no de apostar a su producción abre diversos y complejos campos de análisis. Por un lado, el modelo productivo que lo promueve, en segundo lugar el sistema energético que lo alimenta, y tercero el modelo de consumo que lo sostiene. Otro eje es la seguridad alimentaria que peligra en este escenario. Para analizar este tema recurrimos al análisis de Enrique Martínez, presidente del INTI y dialogamos con Pablo Bertinat, especialista en energías renovables del Taller Ecologista, para comenzar a desovillar este nudo de problemas del presente y el futuro del país. En semanas siguientes abordaremos otras dos puntas de este ovillo: la producción y el consumo.

Analizar la conveniencia y sustentabilidad del biocombustible como fuente alternativa de energía -principalmente al petróleo- es una tarea compleja. En ella se puede enfatizar desde la renovabilidad de las fuentes, desde un punto de vista ambiental, la inserción en el mercado internacional desde un punto de vista geopolítico - la visita de Bush a Brasil y Uruguay fue una clara señal de esto- hasta revisar la soberanía alimentaría en juego.

En el documento "Enegía + Medio Ambiente + Alimentos: Un humilde llamado de atención”, difundido en formato electrónico por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) en enero de este año, el Ing. Martínez planteaba: “La seguridad en la disponibilidad de la energía necesaria para mantener y expandir la calidad de vida actual, es seguramente el tema que hoy domina el espacio de las decisiones estratégicas de la política mundial. Además, como destino inexorable, algunos de los caminos allí elegidos, vinculan esa temática con el segundo gran frente -el medio ambiente- y también con la ecuación alimenticia, al entrar en el escenario la discusión sobre el posible destino alternativo de la tierra agrícola, para producir combustibles”. Para Martínez “el problema (...) es de cantidad, también de calidad y también de poder.”

Vayamos por partes. ¿Qué es el biocombustible? La Wikipedia define que “es el término con el cual se denomina a cualquier tipo de combustible que derive de la biomasa - organismos recientemente vivos o sus desechos metabólicos, tales como el estiércol de la vaca. Los combustibles de origen biológico pueden sustituir parte del consumo en combustibles fósiles tradicionales (petróleo, carbón), algunos los consideran una fuente de energía renovable y que tiene poco impacto ambiental, sin embargo la utilización de semillas transgénicas y grandes cantidades de agroquímicos, así como la ampliación de la frontera agrícola de muchos países, mediante el desmonte de selvas y bosques nativos, cuestionan severamente esta teoría” Hasta allí avanza la gran enciclopedia digital.

Los más desarrollados son el biodiésel y bioetanol. “Surgen de procesos donde sólo una parte de la energía generada tiene origen en el aprovechamiento solar –para producir las plantas y sus frutos. Se necesita energía adicional para sembrar, producir fertilizantes o pesticidas, cosechar y procesar los granos o plantas hasta su forma final combustible” menciona el ingeniero Martínez. Respecto de la toxicidad, la quema de gas y petróleo genera gases, entre ellos anhídrido carbónico, responsable de calentamiento global. En este aspecto Martínez distingue el biodiésel del etanol. “El biodiésel, -obtenido a partir de aceites vegetales, sea de soja, colza u otros– tanto cuando es usado al 100% o en cortes con diesel de petróleo, no reduce de manera relevante el efecto invernadero. Con el etanol a partir de materias vegetales –el llamado bio etanol– el enfoque es distinto. Los europeos lo demandan para cortar con las naftas y su efecto allí sí es reductor de la contaminación, especialmente por gases distintos del anhídrido carbónico, de los que se reduce sustancialmente la emisión”.

Modelos energéticos en juego

Respecto del poder, como dimensión en juego, Martínez destaca que las decisiones que se toman respecto de políticas energéticas no son realizadas por expertos en la producción, uso o conservación de energía, con argumento puramente tecnológicos. El presidente del INTI indica que los combustibles minerales líquidos o gaseosos (nafta, gasoil, gas natural, GNC) se distribuyen por redes que usualmente están controladas por esos mismos productores. Martínez resalta el caso de la energía eléctrica que ha encontrado modos de diseminación “más descentralizadas, como la eólica o las pequeñas centrales que usan” conformando “un escenario interesante” con grandes redes de distribución. “La distribución de energía eléctrica es más concentrada que su producción. Para poder entender el futuro modelo de producción y consumo energético es necesario, en este marco, comprender que las compañías productoras –que a la vez son distribuidoras– de combustibles líquidos o gaseosos, hacen y harán todo lo posible para contar con el mismo control de los escenarios por venir que el que tienen del actual. Eso será factible si se favorecen los combustibles producidos y distribuidos en gran escala, frente a aquellos que pueden ser generados y consumidos localmente o en menor dimensión” denuncia respecto del debate actual.

Entre estos combustibles de generación local menciona el uso directo del aceite vegeta, los automóviles híbridos, con energía eléctrica generada por la propia unidad, generadores eólicos de uso doméstico que vuelcan sus excedentes sobre la red pública sistemas de concentración de la energía solar para producir vapor y con ello operar centrales eléctricas pequeñas. “Hay ya un amplio damero de opciones de generación y consumo descentralizados, que harían menos necesarios los sistemas de producción y distribución de alta concentración, como los actuales” indica.

Otro gran cuestionamiento al biocombustibles es que en el caso de nuestro país serà producido solo para la exportación. Para Martínez “es casi un axioma de la política económica que un país que exporta energía está desperdiciando oportunidades de desarrollo. Solo se justifica ese flujo si se basa en un recurso natural disponible de manera descollante y los ingresos generados se usan para fundar una estructura productiva nacional de jerarquía”. La relación de energía utilizable respecto de la energía necesaria para extraer y procesar el producto, es de 7 a 1 en el petróleo, de 3 a 1 en el biodiésel y para el etanol a partir de maíz puede ser 2 a 1 o hasta menor a 1 a 1, según los estudios disponibles. “En todos los casos –petróleo, biodiesel, etanol– si se produce para exportar es obvio que el balance de energía para el país es negativo: Se consume energía aquí para producir energía que se consume en otro país”.

Renovabilidad y sustentabilidad

Pablo Bertinat, integrante del Taller Ecologista y especialista en energías renovables, difundió hace unas semanas el artículo “Biocombustibles renovables. No siempre sustentables”, motivado por “las declaraciones del gobernador Obeid, respecto de la relación alimentos y energía y de la cuestión impositiva que pone en evidencia el modo en que se gasta el dinero público” señala en diálogo con enREDando. “La idea es polemizar sobre eso pero en el fondo hay una polémica mucho más primaria que es el tema de los biocombustibles. Nosotros creemos que una fuente de energía puede ser renovable, pero que sea renovables no implica que sea intrínsecamente buena”.

La renovabilidad de la fuente es una característica, un atributo de la fuente, mientras que la sustentabilidad es un atributo del uso que se hace de esa fuente.”Esa utilización puede ser terriblemente insustentable y perjudicial para el ambiente. Cuando analizamos la fuente analizamos la renovabilidad pero analizamos también la sustentabilidad de esa fuente, entendida desde un punto de vista no solo ambiental, sino socio-ambiental también”.

Para Bertinat el análisis que se hace de las políticas energéticas está incompleto. “Es muy difícil trabajar la cuestión del abastecimiento energético de un modelo de consumo sumamente insaciable. No va a alcanzar ningún tipo de fuente sin atacar el modelo de consumo. Las políticas energéticas tienen dos partes: una es la que se ocupa de generar energía y otra la que se ocupa de consumirla. En general nosotros tenemos una mirada unilateral: tratamos de buscar fuentes y más fuentes para abastecer algo insaciable, sin pensar en para qué la usamos, para quién, qué beneficios nos da, o no nos da esa energía”.

Cuestionar el modelo energético vigente implica comenzar a revisar el modelo de producción, desde los procesos productivos hasta el transporte. Al respecto el ambientalista señala que “el modelo productivo implica cuestionarse qué es lo que producimos, para qué y cómo. Los principales complejos exportadores argentinos son el complejo soja, el petróleo y gas y el complejo automotriz. El 70% de la producción argentina va al NAFTA, al Mercado Común Americano, a la Unión Europea o a China. Entonces tenemos un fuerte consumo energético para abastecer otros mercados de insumos. Se trata es de pensar a largo plazo”.

Las preguntas a responder son ¿Qué imaginamos a futuro como país? ¿Pensamos que nuestro país dentro de 10 o 15 años debiera tener una industria automotor fuerte? ¿Ese es el modelo de desarrollo al que aspiramos? O, ¿qué bienes queremos producir y para quién? ¿Para el consumo interno o para la exportación? “Eso es discutir el modelo de desarrollo, no solo en el agro, en lo industrial también. En al medida en que no podemos rediscutir esta cuestión vamos a seguir tratando de correr el consumo con la generación a partir de destruir recursos naturales, poblaciones, etc.” Afuera de esta evaluación quedan también los impactos sociales de estas políticas. “Hoy estamos subiendo la cota de Yaciretá, expulsando 50 mil personas más del lugar donde viven para abastecer de energía eléctrica fundamentalmente al Gran Buenos Aires y al Litoral, que son los grandes consumidores. Sin embargo nadie se entera que 50 mil personas se van a tener que ir de sus hogares y les van a quitar el territorio” recuerda Bertinat.

Promoción de la producción de biocombustibles

El discurso dominante en la promoción de este tipo combustible es la sustentabilidad, el efecto benévolo con el medioambiente y el beneficio económico. Con esos argumentos las instituciones financieras internacionales tiene líneas de apoyo a esta tendencia Las voces que denuncian la situación destacan la necesidad de Estados Unidos y de Europa de conseguir terrenos que aumenten la producción para reemplazar a petróleo, y para ello miran al sur. “El tema del biocombustibles viene atado y de la mano de una presión muy fuerte de los países europeos y de Estados Unidos, preocupados por el tema de cambio climático y de cambiar sus matrices y disminuir el consumo de combustibles fósiles. Piensan que podrían abastecerse de biocombustible del resto del mundo para seguir un modelo de consumo que es inviable con combustibles fósiles pero también es inviable con biocombustibles” señala Bertinat.

En nuestro país existe además legislación que también favorece esta área productiva. En febrero de 2007 se reglamentó la ley 26.093 de promoción de biocombustibles. Los incentivos fiscales que contempla el nuevo régimen alcanzan a la devolución anticipada del IVA y a la amortización acelerada de bienes en Ganancias. Los sectores productivos locales celebran la noticia porque la producción de biocombustible cuenta con pronósticos de alta rentabilidad. Esta declaración de Gustavo Grobocopatel, conocido como el "rey de la soja", habla por sí sola. “La transferencia de tecnología, sumado a la reorganización de la tierra, permitiría, por ejemplo, que una tonelada de biodiésel (a base de soja) puede exportarse a 650 dólares frente a los 460 dólares del aceite de soja. ´Para producir hoy una hectárea se necesitan menos personas trabajando la tierra pero mayores conocimientos y servicios aplicados, ya que esa hectárea consume más tecnología, hay más productividad. Se necesitan más camiones para transportarla; se utilizan más fertilizantes, más petroquímica, más electrónica, más software, etc. El panorama industrial y comercial más que auspicioso.

Bertinat identifica particularidades en el caso de los biocombustibles. “En el caso de Brasil una parte de la producción se destina a consumo interno. En el caso de Argentina, por el tipo de estructura que se está dando, es todo para exportación. Es este momento el biocombustible es un muy buen negocio de las transnacionales aceiteras que están en la región que ven la posibilidad de incrementar sus tasas de ganancia de una manera muy importante a partir de la diferencia de precio entre el aceite y el biocombustible. Una mayor tasa de ganancia implica una mayor presión sobre los territorios para seguir sembrando este tipo de monocultivos, que significan monoculturas, que significan expulsión de campesinos, concentración de la tierra, extranjerización, que es lo que estamos viviendo en el país. Es un modelo atado a eso. No hay otra formad de producirlo. Encaja todo en el mismo modelo” denuncia Bertinat.

Soberanía Alimentaria

"La producción de biocombustibles -dice el Movimiento de los Sin Tierra (MST) en un comunicado, citado por la Agencia Pelota de Trapo- está basada en grandes monocultivos latifundistas, principalmente de caña de azúcar, lo que desfavorece la producción de alimentos y compromete la soberanía alimentaria nacional". En el mismo mensaje el MST lanza una clara advertencia clara al gobierno de Lula, paradójicamente impulsor del programa Hambre Cero: "No podemos mantener los tanques llenos y las barrigas vacías...".

En febrero de 2007 se realizó Foro Mundial de Soberanía Alimentaria, en Malí uno de los diez países más pobres del mundo, si se mide en dinero. “Más de 500 delegados de 118 países, de diversos movimientos sociales -campesinos, trabajadores sin tierra, migrantes, mujeres, pastores, pescadores artesanales, consumidores, ecologistas, indígenas- analizaron estrategias comunes hacia la soberanía alimentaria concebida como el derecho y la capacidad de los pueblos, desde sus bases, a producir sustentablemente y en forma diversa y adecuada a sus culturas, alimentos de calidad, suficientes y accesibles para todos” (publicado en Alainet).

En la relación entre soberanía alimentaría y modelo energético confluyen una cuestión macro, como es el modelo geopolítico, transnacional vigente, y un aspecto ìntimo de las comunidades, que no llega aún a los gobiernos y que es discutido por la comunidad, localmente. Preguntamos a Bertinat, ¿cómo se aborda un tema que está cruzado tan ampliamente desde lo geopolítico hasta lo íntimamente local? “No es fácil. Tiene particularidades diferentes en diferentes países. Soberanía alimentaria es un concepto que, desde hace unos cuántos años, están construyendo organizaciones campesinas, como Vía Campesina, la CLOC (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo) y organizaciones de mujeres. No es un concepto muy discutido en nuestro país. Se discute mucho en Brasil, y en Uruguay también”. Para Bertinat los niveles de concentración de la tierra, de expulsión de campesinos y de profundización de un modelo transgénico en nuestro país complican la situación y dificultad la posibilidad de profundizar un modelo de soberanía alimentaria. “En un país como Argentina es muy difícil lograrlo sin una fuerte intervención del Estado. Si vas a trabajar bajo condiciones de economía de mercado tenés que generar herramientas que permitan a distintos tipos de producción entrar en condiciones de mercado para ser sustentables en el tiempo. Para eso necesitás una fuerte actividad del Estado en lo que le corresponde bajo esta concepción de Estado, que es regular mercado, teóricamente, en función de mejorar las condiciones sociales y económicas. Habría que pensar en herramientas de ese tipo. Por la expansión del modelo de agricultura industrial que hemos vivido, torcer ese rumbo por condiciones de mercado exclusivamente va a ser muy difícil”.

En esta mutación del agro argentino, también aparece la necesidad de reconstruir un sujeto social. “Somos uno de los países más urbanos del continente que ha expulsado poblaciones rurales enteras. Los campesinos no existen más. Reconstruir este sujeto social llevará un camino bastante largo” señala el integrante del Taller Ecologista. “El Estado puede actuar con subsidios, con retenciones, sin retenciones, con una cantidad de herramientas que son las que utilizan habitualmente. El tema es qué herramientas utiliza para favorecer a qué sectores. Debería pensarse una estructura que soporte el desarrollo de un modelo productivo distinto. Pero ahí nuevamente, ¿qué es lo que buscamos? ¿Producir commodities para tener un superávit fiscal importante y con eso repartir planes, etc. o buscamos un modelo que produzca una diversidad de cosas como alimentos, para garantizar una soberanía alimentaria, o para alcanzar inclusive cuestiones más elementales como la seguridad alimentaría, que no está resuelta en nuestro país”.

Aclara Bertinat que seguridad alimentaria es garantizar el alimento a la gente, un concepto perimido, que utiliza Naciones Unidas. “El alimentos se lo podés regalar a la gente o podés construir un modelo productivo con la gente y que la gente produzca lo que necesite. Con el solo hecho de ver qué producís, si producís soja para repartir o producís alimentos para distribuir estás discutiendo el modelo productivo”.

En cuanto al modelo energético, “nuestro país es el que más depende de combustibles fósiles de toda América. Y está atado a esto. Hoy estamos pidiendo integración energética, gas de Bolivia para abastecer un modelo determinado. Vemos que hay un proceso de incremento exponencial de la extracción de recursos naturales primarios en la región y particularmente en la Argentina. Vemos curva exponencial en petróleo, curva exponencial en gas, curva exponencial en minería, curva exponencial en soja en los últimos veinte años” señala Bertinat. El modelo necesita mucha energía para sostenerse porque está creciendo exponencialmente el modelo de extracción de recursos naturales, para abastecer este modelo industria. “Por eso hay que volver a discutir también qué es lo que queremos producir. Y discutir el modelo energético es discutir la otra pata, el modelo de consumo. ¿Cómo construís condiciones culturales, económicas, sociales de satisfacción de necesidades de otra manera? Esto tiene que ver con condiciones culturales porque por ejemplo el shopping del Abasto en Buenos Aires consumo la misma energía que una ciudad de veinte mil a treinta mil habitantes. Es un modelo cultural de comercio. ¿Podría existir otro? Totalmente, lo existió siempre. ¿Estas cosas se pueden discutir? Si, se pueden discutir, sobretodo en las ciudades”.

Respecto de las políticas locales, Bertinat distingue aspectos entre municipalidad y provincia. “Hay algunos intentos interesantes de la Municipalidad de avanzar sobre algunos temas, en particular algunos proyectos de deficiencia energética. Lo que siempre vemos es que hay una reticencia a incrementar la participación y la democratización de todos estos temas. Y si bien hay medidas, y que son importantes, creemos que se podría avanzar mucho más, que hay condiciones para eso. Sin embargo queda la sensación que muchas iniciativas vinculadas con lo medioambiental han sido tomadas como hechos “decorativos”. La gente que las impulsó lo hizo muy concientemente como proyectos de fondo, sin embargo aparecen todavía como marginales. En las políticas grandes todavía no entran y podría incorporarse tranquilamente, con impacto saludable”.

A nivel provincial la dimensión ambiental está aún más ausente. “Con el tema de políticas energéticas, planteamos que hay una delegación natural, una creencia de que las políticas energéticas son nacionales y que los municipios, las comunas y las gobernaciones no tienen por qué preocuparse por está la idea de que eso lo hace el Estado nacional”. Desde el Taller Ecologista plantearon en una serie de publicaciones la necesidad de construir políticas energéticas locales. “Un ejemplo sería el modelo de transporte en la ciudad. Eso es poder discutir políticas energéticas locales. Y esto permitiría democratizar mucho la cosa porque implicaría discutir, informar, decidir cosas localmente que es mucho más fácil que decidir nacionalmente. Lo tenés al alcance de la mano. Sería una línea deseable a avanzar y creo que podría ser realizable tranquilamente”.





(Foto: Radio Mundo Real) La promoción de los biocombustibles atenta contra la soberanía alimentaria, acentuando el monocultivo de soja

“Biocombustibles renovables. No siempre sustentables” por el Ing. Pablo Bertinat.

"Enegía + Medio Ambiente + Alimentos: Un humilde llamado de atención” Documento del Ing. Enrique Martínez, presidente del INTI.

"Agrocombustibles versus soberanía alimentaria", por Silvia Ribeiro, en Alainet.

Biocombustibles, en la Wikipedia.

Ley 26.093, de promoción de los biocombustibles.



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Publicado el: 03/04/2007


Categorías:
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    08 Apr 2007 09:41   Diana Samiter
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