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Modelos de país: desarrollo y sustentabilidad. (Nota II)
Modelo productivo, ¿para quiénes y para cuántos?

La promoción de los biocombustibles pone en cuestión el modelo productivo vigente, principalmente en nuestra región con el incremento de la producción de soja, para exportación. Continuamos esta semana desovillando el modelo de país actual y para ello consultamos a Eduardo Spiaggi, miembro fundador de Ecosur e integrante del Centro de Estudios Ambientales de la Facultad de Ciencias Veterinarias y a Mario Ciccioli de la Federación Agraria Argentina. Ambos coinciden en que es necesaria la intervención del Estado para discutir un modelo de producción diferente, asentado en la suma de actores para generar nuevas alternativas de desarrollo.

“Los modelos productivos que están planteados hoy en la Argentina son dos. Uno es el que habla de producción y el otro modelo que se contrapone, es el que habla de productores. En el primero se inscriben las grandes empresas, los proveedores de insumos, las grandes aceiteras, los grandes productores cuya cuestión es producir a gran cantidad y entonces avanzan concentrando riqueza y tierra. Y el otro, que es el que proponemos nosotros, es el de la agricultura con agricultores. Sin duda se puede producir 100 millones de toneladas, con los niveles tecnológicos que hay con 3000 productores. Desde el punto de vista productivo, está bien. Ahora, ¿qué sucede desde lo social?. ¿Qué haces con los otros 300.000 productores que dejan de serlo, con todo lo que eso significa?.

Este análisis y al mismo tiempo interrogante, que plantea Mario Ciccioli, director de Relaciones Institucionales de Federación Agraria Argentina en diálogo con enREDando, constituye el punto de partida para continuar lo que la semana pasada comenzamos: un debate, desde diferentes miradas, sobre los modelos energéticos y de producción vigentes y la discusión centrada en la promoción de los llamados biocombustibles, como fuente de energía renovable pero no necesariamente sustentable y los impactos socioambientales que derivan de los mismos.

En esta segunda nota, nos enfocamos en el modelo de producción agropecuario local enmarcado en un contexto internacional que favorece, desde los grandes centros de poder, el uso de biocombustibles como posible salida a la contaminación ambiental y cambio climático, pero que al mismo tiempo, estimula la concentración de tierras, la producción de monocultivo para exportación, la extensión de la frontera agrícola y pone en peligro el concepto de soberanía alimentaria. Éste surge desde y en los movimientos campesinos y se basa, citando a Pablo Bertinat, en la “primacía de los derechos de los pueblos y las comunidades a la alimentación y la producción de alimentos, sobre los intereses del comercio”. Sobre el tema y sus múltiples aristas dialogamos con Mario Ciccioli de FAA y Eduardo Spiaggi, miembro fundador de Ecosur e integrante del Centro de Estudios Ambientales de la Facultad de Ciencias Veterinarias.

Biocombustibles ¿para qué, cómo y para quién?

La Federación Agraria Argentina promueve un proyecto de producción de biodiésel que sitúa la discusión de los biocombustibles en otra perspectiva: debatir y pensar en el para qué y para quiénes y el uso que se le da a los mismos, sin dejar de criticar fuertemente la promoción internacional que los erige como alternativa a la producción de combustible basada en el petróleo. “Es necesario cambiar un tipo de combustible por otro, cambiar la matriz energética, en términos técnicos. No estoy tan seguro que sea mucho menos contaminante, pero sí somos críticos de los procesos que hoy se están generando. Si el Estado lo deja librado al mercado, vamos a dejar que las aceiteras y las grandes empresas pongan emprendimientos de 30 millones de pesos, es decir, megaemprendimientos, que nosotros creemos, van a repercutir negativamente en el productor”.

Para ampliar el concepto, Ciccioli ejemplifica. “Los grandes acopios están haciendo grandes diferencias económicas, para alquilarte el campo a 20 quintales por hectárea de soja y desplazan con eso a los productores más chicos que vivían de eso y que no pueden pagar 20 quintales. Imaginate que si hoy ya tienen una rentabilidad lo suficientemente importante para desplazar al pequeño productor pagando 20 quintales, si además se les dá la posibilidad que a ese aceite aún le den un valor agregado mayor para la producción del biodiesel, casi monopólicamente, entonces, esa empresa que hoy paga 20 quintales, mañana va a poder pagar 25 o 30 quintales y el pequeño o mediano productor no va a poder pagar nunca eso. Con lo cual esta generación masiva de biocombustible favorece la concentración de la tierra.”

Frente a esto Federación Agraria promueve la producción de biodiésel para autoconsumo del productor, en pequeña escala, de manera asociativa y basándose en un cultivo que no es la soja, sino la colza. “Nosotros pensamos en la región pampeana, como cultivo alternativo la colza, que tiene buen porcentaje de aceite, un cultivo que se puede hacer en contraste con la soja, y que le permite al productor, juntarse con otros productores, armar una cooperativa, sembrar la colza y hacer su propio aceite para su propio combustible. Además, es un producto que son harinas proteicas, la pueden utilizar en la alimentación del ganado, entonces, genera un círculo. Se garantiza el propio combustible, las harinas proteicas para el ganado y le da un sustento a la explotación, mirándolo desde el punto de vista del desarrollo”. Además, el uso de la colza se agrega como una producción más al campo y no constituye un monocultivo, sino todo lo contrario, “se agrega como otro producto”, explica Ciccioli.

El planteo de FAA no se sitúa desde la perspectiva de la comercialización y la producción masiva, aclara. Lo que intenta es favorecer el desarrollo local, para el pequeño y mediano productor, es decir, la producción de biodiésel para consumo interno y no para exportación. La pregunta se impone ¿es viable pensar en esta alternativa, teniendo en cuenta el contexto internacional? La Ley de Biocombustibles promulgada en el año 2006 aporta un elemento favorable al proyecto de Federación Agraria, tras una larga negociación con los actores involucrados. “Hubo un trabajo muy fuerte, de mucha pelea con toda la gente involucrada, hasta que se logró en la reglamentación que el autoconsumo quede exento de impuestos" aclara Ciccioli. "No se le van a gravar impuesto al combustible que sea para autoconsumo. Quedó contemplada la posibilidad de que las cooperativas puedan producir combustible en calidad de autoconsumo, y si excede la producción de autoconsumo, la puede vender hacia afuera, y va a pagar impuestos sobre eso que vende". Para implementar esta estrategia de producción se requiere una inversión de $400.000, por eso se plantea en forma asociativa. “Están surgiendo iniciativas de hacerlo entre productores y el municipio, porque el municipio también utiliza el combustible, o con la cooperativa eléctrica del pueblo”, detalla Ciccioli.

En síntesis, la Federación Agraria logró avanzar en la legislación vigente, favoreciendo el modelo de producción de biodiésel para consumo interno de los productores. Ahora, en lo que respecta a la producción de biocombustibles a gran escala, la reglamentación, para el director de Relaciones Institucionales de FAA, continúa sin “regular todo lo que va a generar el modelo de los grandes emprendimientos, que va a seguir adelante. Supongamos que 10 productores que están siendo arrendatarios arman una cooperativa de planta de biodiésel. Pero si después viene la aceitera y, al que le está alquilando el campo a esos pequeños productores a 10 o 12 quintales, le paga 20, desplaza a los productores. Entonces, la cuestión de fondo es ¿qué modelo productivo es el que se quiere favorecer, si un modelo con muchos o con pocos productores?".

Consultado acerca del modelo productivo vigente, el especialista del Centro de Estudios ambientales de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNR, Eduardo Spiaggi opinaba: “Hace años que no existe una política productiva más o menos consensuada que incluya a amplios sectores. Hace años que ,por lo menos en la región pampeana, la producción se va marcando por la demanda externa y por las innovaciones tecnológicas que generan algunas empresas internacionales. Es decir, hay poca soberanía, no sólo alimentaria, sino en los modos de producción.” ¿Para qué producimos? ¿Por qué?, se pregunta Spiaggi. “Es simplemente en base a la presión y a la pulsión que significa la demanda externa, en este caso, de soja". Su planteo pone en discusión el modelo de producción, “el qué y el cómo”, y también introduce la problemática del cambio climático, que requiere una seria posición sobre cómo trabajar “con los usos productivos y los servicios ambientales que dan los ecosistemas. Y eso nadie los está pensando ni discutiendo".

Políticas de Estado y modelo productivo

Según datos oficiales, se estima que hay 60.000 productores de soja, de los cuales, 100.00 producen el 80% de la soja. “Con 150.00 productores en Argentina, como mucho, producís toda la soja. Tenés posibilidades tecnológicas para producir esa soja, con menos productores”, analiza Ciccioli, como trasfondo de una problemática que pone en cuestión el modelo productivo agropecuario vigente. Para revertir el proceso de concentración de tierras y producción de monocultivo a gran escala con cada vez menos productores y más producción, se reclama una seria intervención del Estado y eso es lo que para la Federación Agraria, está ausente. El impacto de este modelo de producción no solo repercute en el campo sino también en los pueblos que están en vías de desaparición. “Son pueblos que a lo mejor tenían 100 productores alrededor, y hoy tienen 7, 8, 10 productores. Esto se debe a una falta de regulación. Un productor que siembra 10.000 hectáreas puede pagar 20 quintales, ahora, uno que siembra 100 hectáreas no lo puede hacer porque deja de comer. Si comparás cuántas toneladas de producción salían de ese pueblo hace 10 años atrás, ahora, sale 5 veces más la producción pero con el 10% de los productores.”

Creer que el aumento de la producción condice con un movimiento económico creciente en los pueblos, es erróneo, explica Mario. “Con 100 productores, compraban los repuestos en el pueblo, hacían los fletes con los camiones del pueblo, es decir, funcionaba la economía del pueblo. Y ahora que son menos productores, la producción la llevan directamente al puerto, las herramientas se compran en las grandes concesionarias y generalmente esos productores no son del pueblo, sino que viven en las ciudades. Por eso decimos que el problema de la producción y la agricultura no debe ser un problema solo de los productores, sino de toda la sociedad”. En este aspecto, el impacto social se siente en las ciudades, con la exclusión de quienes emigran del campo y los pueblos. “El productor no puede seguir viviendo de la producción de fruta. O deja de ser productor o se pone a producir otra cosa. Y hoy, lo que es rentable es la soja. Ahora, como Estado, podemos generar herramientas para que a ese productor le sea rentable producir fruta y no soja”, expresa Mario Ciccioli, a modo de ejemplo de la situación planteada por las reglas del modelo actual y manifestando la necesidad de que existan políticas que regulen el alquiler de los campos.

En este sentido, Eduardo Spiaggi también hace hincapié en la falta de políticas a nivel gubernamental. Lo que no se discute es la “sustentabilidad de modelo de país. Sustentabilidad, ¿qué implica? Articular lo económico productivo con lo sociopolítico y lo ambiental. Es decir, el equilibrio entre esas tres patas da la sustentabilidad. Ante una disyuntiva de un eventual aumento de la producción, lo social y lo ambiental quedan siempre en segundo plano”, analiza, y en coincidencia con la posición de Federación Agraria, sostiene que el debate no debe darse en el nivel de analizar los biocombustibles ni a la soja misma en términos de bueno o malo. “El tema es cómo se hace y para qué se hace.”

Cómo coordinador del espacio Observatorio Sur, de la cátedra FODEPAL e integrante del Equipo de Estudios Ambientales de la Universidad, Spiaggi, cree que es fundamental proponer modelos de producción diversificados, “con mayor valor agregado, con mayor mano de obra y sin impacto ambiental. Se puede, en muchos lugares se hace. Pero otra vez, la cuestión está en la decisión política real de a quién se va a favorecer con el modelo productivo”. Opina que el Estado es el único “que puede poner coto a los que tienen mucho poder, con políticas públicas” que en lo que respecta al fomento de investigaciones regionales y multidisciplinarias, para el especialista, son inexistentes.

La soberanía alimentaria en jaque

La producción de biocombustibles constituye un peligro latente contra la soberanía alimentaria, que si bien, es discutida localmente, aún no logra tener un posicionamiento fuerte. Desde Federación Agraria, el análisis profundiza en este aspecto. “Si se produce biocombustible en función de la rentabilidad, seguramente en algunos lugares va a atentar contra la soberanía alimentaria. Ahora, si la generación de biocombustible, como Estado, la dispones como un instrumento más, y tenés políticas activas en ese sentido, yo no creo que atente contra ella. Es posible generar, por ejemplo, una política activa para que en la zona de producción cañera se produzca etanol. En lugar de producirse en base a maíz, se produzca a partir de la caña de azúcar. Ahí vas a estar dando más posibilidades de que continúe siendo productor de caña de azúcar. Pero si se deja producir según lo más rentable, se va a producir en base a maíz. Si va a faltar maíz o no para la alimentación animal o humana, va a depender de que dejes que se haga.”, expresa Mario Ciccioli.

Eduardo Spiaggi hace referencia a la masiva producción de soja y sus consecuencias. "La soja se exporta casi en un 90%, ya sea en forma de grano o de aceite y ahora ya tenemos problemas de soberania alimentaria y de acceso a cantidad y calidad de alimentos en importantes sectores de la población.”

En este cruce, se articulan dos ejes de discusión: un aspecto geopolítico a nivel macro, y otro, íntimamente local, desde lo más micro, que surge en el seno de las comunidades campesinas de base. En este sentido, Ciccioli complejiza la discusión. “Una cuestión es lo ideológico que tenemos que discutir en el campo de las ideas, y la otra es ver cómo se traduce eso en el terreno. Sin duda, el modelo que plantea Estados Unidos de la producción masiva es perjudicial para la soberanía alimentaria, para la estabilidad del productor y para el desarrollo del país. Ahora, tampoco quiere decir que la producción de biocombustible sea el cuco, es el modelo en todo caso". Y es ahí, donde, para Ciccioli debe plantearse el debate.

Desarrollo rural sustentable

El Observatorio Sur constituye una iniciativa radicada en el ámbito de la UNR, integrada por centros de investigación de la Universidad, con el fin de abordar la problemática del desarrollo rural sustentable, desde una mirada interdisciplinaria e interinstitucional. Es un proyecto que nace entre docentes e investigadores de las Facultades de Ciencias Veterinarias, Ciencia Política y RRII, Ciencias Económicas y Ciencias Médicas de la UNR y que fue ganador del concurso latinoamericano “Primera Cátedra FODEPAL”, de la ONU. Está coodinado por Eduardo Spiaggi. Desde este espacio de investigación, se proponen discutir alternativas de desarrollo al modelo de producción actual, poniendo énfasis en el enfoque sobre sustentabilidad del modelo y su potencial proceso de cambio, con un análisis de contexto y de situación. En los últimos tiempos se avanzó en algunos aspectos, según señala su coordinador. “El año pasado organizamos un foro tratando de juntar la mayor cantidad de actores posibles. Nuestra tarea central desde el Observatorio es crear un escenario”, señala Spiaggi, donde los actores confluyan para abrir y generar un análisis conjunto. Apostar al intercambio de voces es una de las tareas principales para comenzar a abrir el juego hacia estrategias que promuevan un modelo de desarrollo sustentable.

Desarrollo local. Perspectivas, alternativas, expectativas.

 “Para nosotros es inviable el desarrollo local. No hay posibilidad de desarrollo local en este contexto macro que tenemos, donde hay concentración de tierra y de riqueza. Vamos a cualquier pueblo que no tenga el puerto. Si ese pueblo está rodeado por tres grandes productores, ¿de qué desarrollo local podemos hablar?. Hay tres patrones de estancia que van a explotar a la gente para que trabaje. En el actual contexto no es posible pensar en el desarrollo local”, remata Mario Ciccioli. La única alternativa posible es modificar el contexto, generar nuevas alternativas, pero sobre todo, insiste, articular la presencia fuerte del Estado con todos los actores involucrados. La tierra es un aspecto fundamental. Por otro lado, la producción de biocombustible, pero no para favorecer inversiones millonarias concentradas, sino para fomentar inversiones en diferentes pueblos de la región. “Creemos que desde la visión productivista, el desarrollo local debe apuntar a generar cadenas de valor agregado, pero en pequeñas empresas, y no de mega emprendimientos. Y no se puede hacer desde un solo lugar. Tiene que participar toda la comunidad. El Estado tiene un rol: el de convocar a todos los actores a discutir, qué es lo que se quiere, cómo se hace. Como organización podés tener iniciativa y convocar, pero no sos el Estado.”

Sobre esto mismo se refiere Spiaggi. “Desde el Observatorio siempre hemos mantenido la idea de que tenemos que sentar en la mesa a la mayor cantidad de actores posibles, inclusive a los que no piensan como nosotros. Hay que hacer un esfuerzo grande por sumar a la mayor cantidad de actores para discutir esto con la mayor profundidad posible”. No hay verdades absolutas al respecto. Y además, “hay escenarios cambiantes”, producto de un cambio climático que afecta la región, tropicalizándola, con más calor y más lluvia. El interrogante de Eduardo Spiaggi apunta al principal actor para delinear políticas públicas que modelen un país diferente ¿qué está haciendo el Estado además de atender la coyuntura?”.

Modelo de consumo, la otra pata

“Creo que es central el tema del consumo responsable”, expresa Spiaggi, en referencia a otro gran aspecto que involucra el tema de los biocombustibles y la soberanía alimentaria. En este sentido, el modelo de consumo se inscribe como otra gran definición a la hora de delinear alternativas de desarrollo posible. Para Spiaggi “estamos inmersos en una sociedad que está desbocada en ese sentido. Por un lado están los que consumen en exceso, y por otro lado, los que no pueden consumir, pero que quisieran consumir como consumen los que consumen de manera desbocada. Si vemos los números –propone– hay varios informes que dicen que la humanidad consume dos o tres veces la capacidad de reposición del planeta. Por supuesto que no es igual en todos lados. Sabemos que Estados Unidos es causante del alto porcentaje de las emanaciones de dióxido de carbono. Pero la verdad es que el planeta no da a basto para reponer sus propios recursos. Y parte de esa factura la estamos viviendo6.” A modo de dejar abierta la inquietud, el especialista apela a Cousteau “la sociedad de consumo es una especie de cáncer que se devora a sí misma”.

Sobre el tema, también opina Mario Ciccioli. “¿Es viable un comercio justo en un contexto donde el producto de un pequeño productor vale $10 y en una mega empresa vale $4, sin intervención del Estado que garantice que ese pequeño productor pueda valer, por lo menos, $6? Porque a lo mejor vos, como consumidor, sos conciente que es mejor calidad, pero a la hora de consumir, mirás tu bolsillo. Entonces, ¿es viable, el comercio justo, con los índices de pobreza que tenemos en la Argentina?", se pregunta. Su reflexión, en este caso, plantea, una vez más, la intervención del Estado para dar el gran salto. “Son modelos alternativos, pero son muy limitados, si no interviene el Estado con políticas activas. Queda solo como alternativa, pero la única forma que eso se implemente como modelo es que sea el Estado el que lo haga. Como organización debemos pelear para que el Estado implemente ese modelo. Ahí está la pelea.”





La soja en los campos del país. Monocultivo para exportación, concentración de tierra y riqueza. (Fuente: www.proteger.org.ar)


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Publicado el: 12/04/2007


Categorías:
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    12 Oct 2009 10:58   alicia
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