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3era Feria del libro autogestiva
Se agrandó la Flia

La Feria del Libro Independiente y Autogestiva crece. El primer fin de semana de mayo se realizó la tercera Flia en Rosario. Más libros, ediciones artesanales, editoriales autónomas y muchas expresiones artísticas confluyeron en la plaza de 27 y Febrero y Laprida, a metros del Monumento al Che. Un encuentro de cultura popular que promueve la autopublicación y sellos sin copyright. enREDando se sumó a la invitación y conversó con algunos integrantes de la gran Flia rosarina.

La Feria del Libro Independiente y Autogestiva lleva un sello sin copyright. En esta feria, pila de libros se amontonan para que los lectores husmeen y entrometan sus narices, revolviendo, revisando, buscando. Así, pueden encontrarse con escritores surgidos de las profundidades de las provincias, del conurbano, de las orillas. Con otros, que escriben desde el encierro mismo. Quizá se topen con los clásicos, los de renombre. Los poetas de siempre, los que perduran por su extrema sensibilidad y calidad en las palabras. O los jóvenes poetas que exploran en nuevas formas de decir lo indecible.

La "Flia" es el sello que identifica a este espacio de encuentro entre escritores, editores y lectores. Y nada tiene que ver con aquella otra Feria del Libro, la que oficialmente promueve el comercio de las grandes empresas editoriales. Acá, en la Flia, no hay un presentador que endulce a un auditorio con discursos de la derecha neoliberal de nuestra América profunda. Por el contrario, las voces son ecos que traspasan el aire y los únicos que hablan, son los libros.No hay competencia ni muchos menos, un costo para difundir y promover la lectura. 

Acá, en la Flia, y digo acá porque ya es la tercera vez que se realiza en Rosario, hay voces y ecos de editoriales pequeñas, con ediciones únicas y artesanales. Hay miradas puestas en la poesía y la narrativa de un ser anónimo que lleva su nombre como autor, libre de ser reproducido o citado. Y mientras que en la gran feria del libro, los sellos omnipresentes del mundo editorial comercializan el derecho de autor, los autogestores de la palabra, en la Flia, trabajan como hormigas, generando otra forma de ser leidos.

La Flia es un espacio diferente, auténticamente generado para hacer circular aquellas producciones editoriales que no llevan la marca de agua impuesta entre sus hojas. Es, por definición, un lugar de encuentro. Así la definen sus integrantes en Rosario. Jóvenes, en su gran mayoría, que buscan hacer de la palabra leída y escrita, un vínculo. Tan simple y tan complejo como eso. “Para mí es encontrarse entre personas y colectivos. Y cada uno puede participar desde su lugar, mostrar lo que hace, puede expresarse”, apunta una joven integrante del colectivo de la Flia. A su lado, Manolo, agrega: “Es importante que se haga en Rosario, porque es una ciudad que tiene chapa de que agita a la cultura desde diferentes lugares. Pero es importante que la gente se manifieste y se encuentre de igual a igual, sin estar mediados por nadie sino por ellos mismos. Y se generen cosas culturales que son muy interesantes”.

El libro, para los mentores de la Flia “es una expresión artística muy particular que no tiene mucho alcance en ninguna parte, por la editorial, los derechos de autor, etc. Además, tiene un montón de connotaciones feas con la lectura. Y esta feria, propone una nueva perspectiva del objeto libro. En la Flia podés hablar con la persona que lo editó, que lo escribió. Te das cuenta que hay muchas formas de hacer una tapa o mostrar una poesía. Descubrís que todos los participantes de la cultura corren por la misma problemática y que es un espacio de encuentro para trabajar juntos y demostrar que se pueden hacer las cosas sin esperar que otros lo hagan”.

El manual de la autogestión

A mediados del año pasado, un grupo de jóvenes que integran el espacio de la Flia en Rosario, realizó un taller de autopublicación, es decir, una especie de “manual” didáctico y vivo de cómo diseñar, editar y encuadernar tu propio libro. Fue una clara invitación a autopublicarte, lo cual, generó una amplia convocatoria y participación. “El propósito del taller es difundir herramientas básicas que permitan editar y publicar un texto propio. ¿La meta final? Crear colectivamente diferentes libros, lograr la auto publicación y abrir el debate sobre edición, licencias y propiedad intelectual.”

Para ellos, "la autogestión no es un fin, sino un proceso, una herramienta para construir mancomunadamente un espacio colectivo de horizontalidad, porque nos interesa construir redes y establecer vínculos por fuera de los circuitos tradicionales. Creemos que la dimensión comercial ha vaciado de contenido y convertido a los libros en mera mercancía, accesible para unos pocos consumidores y para un puñado de productores."

En la charla con enREDando, los chicos agregran: “Para nosotros es muy importante la autopublicación. Es una forma de ver de otra manera que la herramienta puede ser utilizada por todos”. Hacer tu propio libro fue la consigna del taller. Además, los integrantes de la Flia también trabajaron conjuntamente con los chicos del Congreso de Urbanismo Popular y junto a ellos, editaron otro manual que apunta a la autogestión. “Salio el pequeño manual del ocupante que tiene herramientas para los vecinos de los barrios que tienen alguna situación irregular en su vivienda”.

Los dos manuales autogestivos fueron editados por el grupo de la Flia rosarina, un colectivo integrado por personas que no necesariamente pertenecen a una organización, sino que simplemente, se juntan motivados por el deseo de “hacer algo”. "Nos reunimos semanalmente con el fin de sostener un espacio desde el cual se impulsen actividades relacionadas a la producción de textos de manera independiente, autogestiva  y colectiva".  

Esto es lo que promueven a la hora de diseñar talleres. “Nuestra idea también es que cada uno se interese en averiguar”, destacan los chicos a la hora de referirse al complejo universo de las licencias de autor. En ellos, está el desafío de empezar a instalar el debate. "Creemos que el saber no tiene dueño, le pertenece a la humanidad entera, no hay creación primigenia, por tanto no hay propiedad intelectual individual, las creaciones son siempre colectivas". Es así como desde la Flia apuestan al conocimiento y la difusión de diferentes tipos de licencias anti-copyright.

Dentro de este multifacético espacio, cada uno tiene sus propios sueños: hacer talleres, generar más ferias, crecer, interactuar con otras experiencias artísticas como el teatro, la plástica, la música. En fin, infinidad de ideas confluyen en un torbellino imparable. “El espacio puede sorprendernos a nosotros mismos. Por ejemplo, hicimos la difusión de la Flia actuando en la calle o haciendo intervenciones en los colectivos”. También, tuvieron la intención de difundir en el Anexo de la Facultad de Psicología, “pero al principio no nos dejaron entrar. A los salones no nos dejaron ingresar”.

Con los libros en pleno intercambio, con las conversaciones múltiples gestándose en los murmullos de los puestos, con los escritores mostrando sus producciones y los amantes de la lectura conociendo mundos muy pocas veces difundidos, los pibes y pibas de la Flia sueñan.  Mientras matean y ríen, ya piensan en lo que vendrá y en cómo seguir "agrandando" esta gran Flia rosarina.



Puesteras de fierro

Luli y Silvina están participando de la tercera edición de la Flia en Rosario. Una llegó de Buenos Aires, la otra de San Marcos Sierra. Una de ellas es escritora; la otra, editora independiente de literatura infantil. Las dos participan de este movimiento autogestivo que nace en Capital, y ya se realiza en diferentes ciudades del país.

“Hay muy pocas editoriales infantiles independientes. Quizá por el costo que lleva realizar libros infantiles, al aparecer la ilustración, la forma de edición es mucho más cara y tal vez no es redituable, los autores que escriben cuentos infantiles no piensan en autopublicarse”. Luli trajo a la Flia dos editoriales independientes “que son buenas editoriales que concentran gran material”. Aclara que no es escritora, pero le apasiona imbuirse en el mundo de los cuentos infantiles. Desde ese lugar, promueve la circulación de textos producidos de manera independiente. “La literatura infantil es muy abierta, da mucho lugar al juego y también está muy bastardeada, pero también está exenta de todo lo que es la crítica y lo que es el tecnicismo de lo que es literatura y no. Está libre de esos prejuicios."

Silvina trajo libros de amigos que viven en San Marcos. “Hay de todo un poco, postales, fotos, literatura”. Para ella, “la feria del libro y todo lo que creció en todo el país y el mundo, es increíble, y que se pueda seguir extendiendo es muy bueno.”

Luli, destaca, fundamentalmente, la propuesta “Que uno puede trabajar de manera autogestiva y colectiva, cosa que siempre te dicen que no es así y que tenes que pisar la cabeza del que tenes al lado y acá somos todas personas que trabajan con libros y no hay concepto de competencia. Para el autor, lo que sucede en la Flia no existe en el mercado editorial. Tengo amigos que traen sus puestos y de repente viene una persona que le dice,”te compré en la feria pasada un libro” y eso es maravilloso, porque es el contacto directo con el lector”.


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Publicado el: 24/05/2011


Categorías:
Ciudadanía / Reportaje

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