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¿Qué arte queremos?
Por muchos huertos más

El grupo de rock Farolitos junto con otras organizaciones sociales y artísticas convocaron al Huerto de la música, una asamblea para debatir entre todos “qué arte tenemos, qué arte queremos y cómo seguimos”. Marcando una disyuntiva con el megaproyecto socialista del Puerto de la Música, cientos de personas se juntaron en Sportivo América para escuchar y contar lo que hacen en los barrios, por fuera del circuito cultural dominante. “Para nosotros el puerto es el lugar donde circulan mercancías, el huerto, en cambio, es el lugar donde producimos bienes culturales”. enREDando se acercó al Club El Luchador y conversó con el cantante farolero Marcos Migoni.

¿Qué arte tenemos, qué arte queremos? ¿Cómo seguimos?. Bajo estas tres preguntas que fueron apenas disparadoras de un debate profundo y abierto, Farolitos, el grupo de rock de la zona oeste, junto con otras organizaciones sociales convocaron a una asamblea que llamaron “El huerto de la música”. ¿Por qué ese nombre?. Quizá sea únicamente un juego de palabras, como dice Marcos, el cantante de Farolitos, pero sin duda, remite a una posición política, social y cultural de tantísimos grupos, organizaciones y expresiones artísticas que proponen otra manera de hacer arte en Rosario.

El punto de partida es el megaproyecto que disparó el gobierno municipal en relación al llamado Puerto de la Música. Ajenos a ese debate polarizado en el Concejo Municipal, muchas expresiones artísticas y culturales se convocaron para generar algo diferente, un huerto que tenga en cuenta todo lo que se hace y se produce en las periferias, en los barrios, en los corazones más profundos de la geografía rosarina.

Farolitos convocó a una asamblea y a un recital el pasado sábado en el Club Sportivo América. Pero fueron muchas organizaciones sociales las que tomaron la posta de esta convocatoria, para motivar a la construcción de un nuevo espacio cultural y barrial en la ciudad. De hacer del arte una herramienta de producción y transformación social que no tenga que ver con las propuestas elitistas que hoy por hoy encierra el llamado Puerto de la Música.

Hay muchos, muchísimos “huertos de la música” apostando a una cultura popular que se invisibiliza bajo la espectacularización del arte que, en muchas ocasiones, propone como política cultural el gobierno socialista en la provincia. De los partidos opositores, según plantea Marcos, tampoco se desprenden ideas renovadoras frente a esta disyuntiva. Es por ello que diversas organizaciones del campo popular en Rosario se juntaron, se escucharon. Empezaron a debatir y a verse las caras, a ver cuáles son las dificultades comunes que surgen en los senos de los barrios, con la música, con los espacios para las bandas de rock, con los talleres de arte. Comenzaron a sembrar huertos que multipliquen con propuestas e ideas, una nueva forma de pensar la cultura.

“Es una idea que surge hace 4 meses atrás aproximadamente cuando se puso en discusión en el concejo municipal, el tema de la materialización del proyecto del puerto de la música. En esa discusión, como organización social y como grupo que produce arte popular, sentimos que estábamos afuera, que pasaba la discusión por dos partidos políticos tradicionales que no se tenían en cuenta a las organizaciones, o grupos culturales artísticos que laburan en la periferia, en los barrios”, explica Marcos en diálogo con enREDando.

Estamos en el Club El Luchador, en una tarde de primavera donde asoma el calor por todos lados. En este espacio, que hace 10 años era apenas una sombra desvanecida de lo que significa un club de barrio, los pibes, adolescentes y niños, pelotean, juegan al vóley, conversan, se encuentran. El Luchador y el Federal son clubes de la zona oeste recuperados para el barrio, de la mano de un grupo de chicos que salieron al escenario a tocar la música grande; hijos de laburantes que no se achicaron ante las embestidas del neoliberalismo. Los faroles salieron a la calle a pelear por el lugar donde habían crecido: su club. Hoy, forman parte de la comisión, hacen asambleas y la pelean todos los días para que estos clubes sigan multiplicando vida. De esto se trata la idea de sembrar “huertos de la música”.

“Para nosotros el puerto es el lugar donde se importan y exportan mercancías. El huerto son los lugares donde producimos bienes culturales. Es muy diferente”.

No queremos puertos, queremos huertos

El principal objetivo de la Asamblea “El huerto de la Música” fue motivar al encuentro y a la organización. Empezar a “dar una lucha sobretodo por los territorios, y luego por las mini escuelas de arte que hay, talleres de guitarra y bandas de rock que se encuentran alejadas del circuito dominante”. Es un llamado, apunta Marcos. Una convocatoria. Un grito que emerge de las entrañas de los barrios de la ciudad. “A nosotros nos interesa construir poder desde las bases”. La mejor manera de hacerlo es juntarse con otros. Conocer las realidades de otros barrios, lo qué producen otros compañeros.

“Había actores de diferentes tipos, murgas, bandas de rock, organizaciones comunitarias, centros culturales. Es un llamado a todo el arco artístico o a todo aquel que tenga un proyecto sobre el arte. Hubo gente que tiene espacios en zona sur y que ofrece ese espacio para que las bandas y las expresiones artísticas vayan a exponer, hubo muchos grupos de comunicadores que también están presentes porque quieren difundir lo que se hace, estaban las murgas. Hubo corazón, emoción y alegría”.

Una de las preguntas que quedó pendiente fue la de ¿cómo seguimos?. Tal vez, la más difícil de responder. En este sentido, Marcos dice: “Como farolitos propusimos tener una segunda instancia de encuentro con cosas más definidas, mas organizados, y dar pluralidad en la organización de esta segunda instancia. Queremos que la segunda instancia sea el 10 de diciembre, con el objetivo que eso se derive a otro huerto, para nosotros el huerto son los lugares donde hay trabajo que tiene que ver con lo cultural y lo territorial. Queremos que se convoque a otro huerto y que Farolitos vaya a sumar a eso.”

¿Cómo está la cultura y el arte en los barrios? “Muy desconectados entre sí”, dice Marcos. Si bien existe una inmensa cantidad de expresiones, actividades y movidas que se están generando por fuera de los distritos municipales, hace falta sostener esos esfuerzos en el tiempo. Además, para el cantante de Farolitos, las barreras mediáticas, la estigmatización que imponen los medios sobre los barrios, hace todo mucho más difícil. “Imaginate una banda de rock que quiera tocar en Empalme Graneros”, dice.

Frente a esto, Farolitos dio vuelta la tortilla. Los espacios donde hacen los recitales a los que concurren familias enteras en un ritual bien farolero, son, precisamente, los que se anclan en los barrios, por fuera del centro. “En el club Luchador , en estos 10 años, salieron 4 bandas de rock más aparte de Farolitos. Esta es la idea de dejar semillitas, del arte popular, que se desparrame. Y también, barrer con esas barreras que no nos permiten vernos, visibilizarnos, reconocernos. Por eso, el llamado al huerto de la música”.

Entre El Luchador y El Federal suman 900 socios y 300 pibes haciendo deporte. A nivel nacional, el grupo de rock presento numerosos proyectos. Tan solo uno tuvo curso. A nivel provincial y municipal, directamente “para los clubes de barrio no hay nada”.

Las expectativas de Marcos Migoni son soñadoras y esperanzadoras. “Queremos que sea un espacio para comprometerse y para reivindicar la función del arte. Planteamos la posición de que el arte es fundamental para transformar la sociedad, y que todos nos comprometamos a un proyecto común que no necesariamente tenga que llamarse el huerto de la música, sino construir un espacio donde nos veamos como trabajadores del arte, y seguir caminando juntos en lo que es la construcción de otra cultura”.

La convocatoria para seguir multiplicando huertos es el 10 de diciembre, fecha en que, además, la música farolera, su mística, su gente y sus rituales, cumplen 10 años.



 

Publicado el: 28/09/2011

Por María Cruz Ciarniello.
Categorías:
Movimientos Sociales / Documento

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